Lic. Isaac Galán Hijo
Coordina los protocolos de secuenciación y la interpretación de índices de diversidad bacteriana y fúngica. Ha ajustado el método de muestreo para regadío y secano tras varios años comparando resultados entre parcelas vecinas.
Somos un equipo pequeño de Zaragoza que trabaja con microbiología de suelos aplicada al día a día de la explotación. No vendemos informes de laboratorio sin contexto: leemos cada parcela con el agricultor y el técnico que la lleva, y a partir de ahí proponemos qué medir, cuándo repetir el muestreo y qué bioinsumo tiene sentido aplicar.
La empresa nació en 2019 después de varios años compartiendo analíticas entre fincas de regadío del Ebro y viendo que los datos biológicos se quedaban en un cajón. Decidimos montar un servicio que tradujera esos números a decisiones concretas sobre laboreo, materia orgánica y elección de inóculos.
2016 · Primeras parcelas en Los Monegros
Dos técnicas de campo y un laboratorio compartido en Zaragoza. Empezamos analizando suelos de cereal de secano para un grupo de cooperativas que querían entender por qué dos rodales vecinos rendían distinto con el mismo abonado. Las primeras campañas fueron de aprendizaje: muchas muestras y pocas conclusiones firmes.
2018 · Estandarizamos el protocolo de muestreo
El cuello de botella no estaba en el secuenciado, sino en cómo llegaba la muestra. Fijamos submuestreo por unidad de gestión, profundidad homogénea y cadena de frío simple. A partir de ahí los mapas de microbioma empezaron a ser comparables entre campañas y entre parcelas.
2020 · Mapas por zonas de manejo
Dejamos de entregar un valor medio por finca. Cruzamos índices bacterianos y fúngicos con datos de conductividad aparente y rendimiento histórico para dibujar zonas dentro de la parcela. Fue el paso que permitió hablar de recomendaciones de bioinsumos con algo de criterio y no solo de tendencias generales.
2022 · Franjas testigo y seguimiento plurianual
Incorporamos el hábito de dejar testigos sin tratar en cada ensayo de aplicación. Nos costó convencer a algunos clientes, pero sin esa referencia es imposible separar el efecto del bioinsumo del año climatológico. Hoy es una condición para trabajar con nosotros en ensayos comparativos.
2024 · Equipo técnico estable en Aragón y valle del Ebro
Sumamos perfiles de edafología y microbiología aplicada al equipo de campo. Seguimos siendo pocos y preferimos mantener la escala antes que externalizar la interpretación de los informes. Cada diagnóstico lo firma alguien que ha pisado la parcela.
SueloMétrica nació en 2016 como un proyecto pequeño dentro de un grupo de investigación agraria en Zaragoza. La idea era sencilla y algo ingenua: medir la biología del suelo con la misma seriedad con la que se mide la química. Lo que vino después fue corregir errores, ajustar protocolos y aprender a decir que no a encargos que no podíamos sostener con rigor.
Estos hitos resumen las decisiones que más han cambiado nuestra forma de trabajar. No son premios ni cifras de crecimiento: son puntos de inflexión técnicos que explican por qué hoy entregamos lo que entregamos.
Trayectoria del proyecto
SueloMétrica no nació en un laboratorio. Nació en 2016 en una nave compartida del polígono de La Cartuja, con dos técnicos, una nevera portátil y la manía de anotar en qué rodal se había tomado cada muestra. Estas son las etapas que explican cómo trabajamos hoy.
Empezamos analizando suelos de cebada y trigo en explotaciones de la comarca de Zaragoza. Sin laboratorio propio: enviábamos todo a un centro externo y aprendimos a leer los informes a base de compararlos con lo que veíamos en el campo. Ese año descubrimos que dos parcelas separadas por un camino daban índices de diversidad bacteriana muy distintos, y que la diferencia no se explicaba solo por el cultivo anterior.
El cuello de botella no era el análisis, era la toma de muestra. Fijamos un protocolo con submuestras georreferenciadas, profundidad homogénea y envío en frío en menos de 24 horas. Con la primera cámara propia dejamos de depender de terceros para conservar las muestras antes de procesarlas. A partir de ahí los resultados empezaron a ser repetibles entre campañas.
Pasamos de analizar parcelas completas a dividirlas en unidades de gestión según textura, historial de abonado y respuesta del cultivo. Ese cambio nos obligó a rehacer el software de visualización: los mapas dejaron de ser una capa única y pasaron a mostrar bacterias, hongos y relaciones entre ambos por separado. Fue también el año en que empezamos a trabajar con asesores agronómicos que ya usaban agricultura de precisión.
Incorporamos la parte que faltaba: no basta con describir el suelo, hay que proponer qué hacer. Empezamos a emitir recomendaciones de hongos micorrícicos y rizobacterias según el perfil microbiano, siempre con franjas testigo en la propia parcela. Sin esas franjas no firmamos una recomendación, porque el efecto de un bioinsumo se confunde fácilmente con la climatología del año.
Hoy somos cinco personas entre microbiología, agronomía y desarrollo. Mantenemos una base interna con más de dos mil muestras procesadas en el valle del Ebro, que usamos para contextualizar cada informe nuevo. No es un modelo predictivo ni un algoritmo: es una referencia para saber si un valor es habitual o llama la atención en un suelo parecido.
El servicio se ha estabilizado en dos líneas: diagnóstico puntual para quien quiere entender su suelo antes de cambiar de manejo, y seguimiento por campañas para quien ya aplica bioinsumos y necesita medir si funcionan. Seguimos sin vender productos: solo análisis, interpretación y recomendaciones que el agricultor o su asesor decide si aplica.
Coordina los protocolos de secuenciación y la interpretación de índices de diversidad bacteriana y fúngica. Ha ajustado el método de muestreo para regadío y secano tras varios años comparando resultados entre parcelas vecinas.
Responsable de la cadena de frío y del procesado de muestras en laboratorio. Controla los blancos de extracción y detecta contaminaciones cruzadas antes de que lleguen al informe final.
Traduce los mapas de microbioma a zonas de manejo dentro de la explotación. Trabaja con agricultores de regadío en la cuenca del Ebro y ajusta las recomendaciones según textura, pH y rotación.
Diseña las franjas testigo y evalúa el efecto real de hongos micorrícicos y rizobacterias. Insiste en no atribuir a la aplicación lo que puede deberse a la climatología del año.
Construye las capas de información por parcela y mantiene la trazabilidad entre submuestras, análisis y recomendación. Se encarga de que cada dato tenga su fecha y su coordenada.